UNA MIRADA HACIA ATRÁS
Hace ya mucho tiempo que dejé Logrosán; que dejé toda la
vida vivida entre
sus casas, sus calles, sus campos, sus escuelas, su academia, sus
gentes......
Durante todo este tiempo me ha venido a la mente una y mil veces una
pregunta casi constante: ¿Donde estarán mis amigos? ¿Que
habrá sido de
ellos? ¿Donde habrá situado la vida a todos aquellos con los que
jugaba a
pídola, a tres navios en el mar, con los que me bañaba en el rio
o en la
piscina, o con los que aprendia las cuatro reglas (o incluso alguna más),
bajo la mirada siempre atenta de aquellos entrañables maestros que ahora
recordamos al ver sus caras en esas viejas fotos de color sepia?.
Pués hete aqui que, de pronto, la tecnología de este nuevo siglo
nos
permite volver otra vez al pueblo, de recordar aquellos años, de
contemplar caras que estaban casi olvidadas y momentos que, si bien nos
parecen imposibles de localizar, se muestran inmediatamente nítidos cuando
rebuscamos en el armario de nuestra memoria.
Y también aparecen las personas, los amigos.
Hace algunos dias, un grupo de gente de Logrosán, y que ahora vivimos
en
Madrid, gracias a la página de Internet, hemos vuelto a encontrarnos.
Y
cuando digo encontrarnos, no me estoy refiriendo a vernos después de
unos
dias o unos meses. Estoy hablando de casi treinta años. Treinta años
en
los que cada uno de nosotros hemos tenido tiempo de vivir nuestra propia
vida, con sus vicisitudes y sus momentos buenos y malos, pero todos
teníamos algo en común: Hemos nacido en Logrosán.
Unos han seguido visitando el pueblo con frecuencia, otros menos veces, y
algunos han vuelto de manera esporádica desde que salimos de él,
aunque
desde el momento en que nos encontramos, por encima de todas nuestras
cabezas revoloteaba la idea de Logrosán.
De nuevo estuvimos viendo un partido en el Palomar, escuchando a Teresa
ritar al arbitro; de nuevo nos metimos en las aulas del colegio, mientras
la figura imponente de Gregorio nos controlaba a todos, hasta que el
murmullo se acallaba y solo se oía la voz de D. Emilio explicando lo
que
era una potencia o las leyes del rozamiento; de nuevo hemos ido a la
Cerquilla a echar un "parche-pedrá" con los tiradores hechos
de las gomas
nuevas que hemos encontrado en la "callejina"; de nuevo hemos jugado
al
peón en el campanario, al clavo en las escuelas y después hemos
ido a
comprar cromos o altramuces al quiosco de Gatino; de nuevo nos hemos
acordado de mucha gente de Logrosán, de los que están y de aquellos
que ya
no están, pero cuya presencia fue tan importante en nuestra vida que
no
podemos olvidarla.
El dia pasó volando, casi sin darnos cuenta, con la sensación
de que nos
quedaban muchas cosas por recordar y revivir, y que esto era una razón
suficiente para vernos más veces.
¡Y lo vamos a hacer, claro que lo vamos a hacer!
Para mí fue un dia especial, y quiero agradecer a estos amigos el que
me
llevaran otra vez a Logrosán, a pesar de estar tan lejos.
EL HIJO DEL MECÁNICO.