Afortunadamente he nacido en Logrosán.

 

Afortunadamente he nacido en Logrosán.

Y digo afortunadamente, porque de haber nacido en otra parte, posiblemente mi infancia y adolescencia hubiera sido diferente.

Desde que nací, disfruté de todo aquello que Logrosán me ofrecia; los campos llenos de flores y el renacer de la vida en primavera; los veranos calurosos, pero sin embargo hermosos, paseando por la carretera bajo el cielo lleno de estrellas, perdiendo el tiempo sin prisas en la cancha del estudiante, Jinjal o Helechal; la añoranza del pasado verano, cuando el frio empezaba a hacerse sentir en Otoño, y de nuevo teníamos que volver a la escuela, mientras íbamos rompiendo el carambano de los charcos que nos encontrábamos, merced a las botas katiuskas compradas en Carrasco o Agustín Arroyo; el subir a San Cristóbal en Invierno, justo antes de Navidad para buscar los serillitos que harían de nuestro portalito el más bonito del pueblo.

Yo soy parte de esas fotos sepias que ahora podemos ver en esta magnífica página de Logrosán.

Pertenezco las Escuelas Nacionales, a Doña Barbarita y a Don Manuel Montes, a las Escuelas Parroquiales y Don Manuel Alegría, a la Academia y los admirados Don Emilio y Doña Antonia, en definitiva, a los tiempos de toda la chiquilleria que aparece en ellas, preguntandome muchas veces que habrá sido de cada uno de ellos y, si lo mismo que yo, cuando ven esas fotos no recuerdan y añoran aquellas tardes de esparragos, acereas, serillitos, luminarias, y por las noches, los paseos por la carretera entretenidos con un helado de limon comprado a la señora Joaquina en la plaza, a la puerta del bar de Pajote.

En nuestra memoria estarán los buenos momentos vividos en la discoteca "Lord Jim" (llamada así para envidia de los demas pueblos, aunque todos sabíamos que era la discoteca de Tomás), y a la que en muchas ocasiones no teníamos acceso debido a nuestra precariedad económica.

En esas circunstancias, nuestra otra alternativa eran los cines Palacios o Capitol, donde por un módico precio, disfrutábamos de las últimas aventuras de Gary Cooper en los mares del Sur, nos enterábamos de los más recientes avatares en las vidas de Marisol o Joselito, conocíamos el último pantano inaugurado gracias al NO-DO (eso si, con algunas semanas de retraso), o bien nos trasladábamos a las llanuras americanas para conocer como iban las cosas entre el General Custer y Toro Sentado.

De todo esto se encargaba, amén de otras personas, nuestra querida y recordada Teresa, llevando los rollos de película de un cine a otro, siempre antes del descanso, en el que se nos animaba a visitar el bar y tomar una gaseosa marca Palacios, por supuesto.

Desde aquí, quisiera tener un recuerdo especial para Teresa, para que, desde donde se encuentre, sienta que todos los que la conocimos la queremos y admiramos.

Otras veces, y si lográbamos "perrear" y sacar dinero suficiente para comprar unas pilas en Perdigón o Tomás Muñoz para el tocadiscos que algún agraciado poseía, nos podíamos permitir el lujo de organizar un guateque, bien en la casa abandonada por los padres de alguien, o si era verano en la mina, helechal o cualquier otro lugar apartado donde nadie pudiera molestarnos.

Afortunadamente he nacido en Logrosán, y estoy firmemente convencido de que todos aquellos que crecieron conmigo, desde el lugar donde se encuentren en este momento, desearían que cada noche, antes de dormirse, alguien les llevara el recuerdo y el aroma de aquellos dias.


EL HIJO DEL MECÁNICO.