PAN

Pan, ¿dios pagano?

¿Diablo de tufos caprinos?

En los confines del Olimpo montano

pastorea rebaños de blandos

corderos y ágiles cabritillos.

Absorto el ganado a sones y cantos,

sólo herbajea delicazas:

sartas de perlas y  trinos

desgranados de áureos caramillos.

 

Fruto azaroso el pan nuestro de cada día;

sangre de surco, sudores y agonías;

súplica y afán soterrados al albur

de climáticos antojos.

 

Don de Dios en el ara

y en la mesa. De hinojos

se bendice, trocea y desmenuza

si no alcanza para todos.

¡Que cunda!

¡Que llegue!

¡Que satisfaga!

 

Cuerpo de Cristo junto al vino.

El mismo Dios transustanciado

y redivivo del Calvario.

Alimento espiritual,

fuente de gracia.

 

Gloria pura si rebosan

las paneras;

si rielan al sol las mieses

verdinegras;

si en henchida granazón

las espigas reverencian

el suelo que las gestó;

si suenan chirimías,

tamboriles y vihuelas;

si el vino corre y la danza vuela;

si fogoso Cupido,

enreda entre las eras.

 

Pena negra cuando falta;

negra pena,

si fuego, pedrisco o sequera

arrebata la senara

en flor de primavera. 

 

Mito, fruto, don,

Ostia, gloria, pena...

Basta y sobra,

no precisa colofón.

 

 

Mayo/2003

Francisco Pedrero Bote
pacopedrero@hotmail.com