I N C O N S C I E N C I A

Francisco Pedrero Bote

 

Un trío de hilanderas,
de las Horas hermanas,
rastrea la noche.


Va de caza.

Azorada, la Vida se para,
se estremece, se agazapa.

Frías como el mármol,

lobas sanguinarias,

por igual guadañan

resecos sarmientos
que tiernos brotes.

Su paso señalan
dobles de campanas,
ayes lastimeros,
clamores desgarrados,
lágrimas.

-¡Ahí, no!, ¡Ahí no,
que es mi casa!

Sordas, de allí cazan.

¡Por qué!
¡Por qué tan pronto,
Virgen santa!
El dolor,
las peñas ablanda.

Torvo día alumbró la noche.
¡Cuán vagos los recuerdos!

Revestido de orfandad,
en casa ajena huelgo.

Desde la puerta,
veo pasar al maestro.

(Ya no madruga,
¡es tan viejo!)

Me ve.
Se acerca.
Le cuento.

Afligido, y no le va,
me acaricia,
me despeluca,
me da un beso.

¡Me ha besado!
¡Me ha besado
el señor maestro!
Brinco, salto de contento.

Hablarán de mí en la escuela...
Me envidiarán todos...
Que ninguno como yo
tiene a su padre muerto.

En aquel instante
por vez primera,
pobre y desvalido
me sintí importante.

Febrero 2004

Francisco Pedrero Bote
pacopedrero@hotmail.com